Este poema esta inspirado en la carga de "Los mamelucos de Francisco" Goya.
Bajo el cielo gris de la villa,
se quiebra el aire en un grito de acero,
ya no brilla el sol, ni el alma brilla,
ante el pase feroz del extranjero.
El adoquín se tiñe de amargura,
entre cascos de fieras desbocadas,
donde la furia vence a la cordura
en el filo de curvas cimitarras.
Un caballo de nieve se nieva,
espejo de horror en su mirada,
mientras la muerte su tributo toma
en una danza de sangre derramada.
Goya detiene el tiempo con su pincel,
atrapando el espanto en el lienzo,
dibujando la hiel sobre la piel
en este drama que parece inmenso.
Luke Guillén.
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