Los tristes de la fuente
En la plaza vieja, canta el manantial,
con su voz clara y fina.
Una casa abandonada, que grita de dolor,
que desangra en silencio.
Mientras el manantial sigue cantando radiante,
los afligidos se deshacen en pedazos,
pedazos microscópicos.
El agua cae gota a gota,
como si cayese oro del cielo,
como un río de luz,
donde se reflejan sus antepasados.
Con sus ropas desgastadas, sucias,
avanzan despacio,
mientras que sus ojos brillantes,
se refleja la verdad, y la bondad,
de sus almas almibaradas.

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